El cuidador

La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece que “la dependencia es la limitación en la actividad para realizar algunas actividades claves y que requiere una ayuda humana que no se necesitaría de forma acostumbrada para un adulto sano” y que “es dependiente la persona que no es completamente capaz de cuidar de sí misma, de mantener una alta calidad de vida, de acuerdo con sus preferencias, con el mayor grado de independencia, autonomía, participación, satisfacción y dignidad posible”.

Estas definiciones ponen de manifiesto la necesidad de ayuda de otra persona para el mantenimiento de la vida cotidiana, así surge la figura del CUIDADOR, que puede ser formal o informal.

  • La atención formal proviene de recursos sociales y sanitarios públicos y privados asignados a los cuidados de personas con distintos niveles de dependencia.
  • La ayuda informal viene de la familia y/o allegados, se presta de forma gratuita.

Según la Sociedad Española de Geriatría y Gerentología

La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) y la Fundación Envejecimiento y Salud han identificado 2,3 millones de personas dependientes en el estado. Cada una de ellas requiere la ayuda de un cuidador, de ellos el 80% de los casos no es profesional y tiene parentesco familiar. Varios estudios determinan que el 88% de los cuidadores en España son mujeres de mediana edad, con problemas relacionados con la presión psicológica a la que se ven sometidas. Al ser la persona principal para suplir todas las necesidades de la persona dependiente, las cuidadoras se descuidan, se olvidan de atenderse a sí mismas, ven mermadas sus relaciones y aparcan sus vidas por un largo período de tiempo. Estas cuidadoras han sufrido grandes cambios en sus vidas, los cuales les ha traído consigo alteraciones de carácter y de estado de ánimo. Estas alteraciones han afectado en un 69% en problemas físicos y en un 49% han repercutido a la salud mental.

Es a principios de la década de los 60 cuando se menciona por primera vez el concepto de carga percibida por los familiares al cuidado del dependiente en el domicilio.
La carga del cuidador es un proceso de estrés que tiene importantes consecuencias sobre la salud física, mental y bienestar del cuidador. Las jornadas de ayuda son muy prolongadas. Por todo esto, las cuidadoras comienzan a sufrir problemas físicos, como lesiones cervicales, lumbares, musculares o articulaciones. Los propios problemas físicos y mentales del cuidador informal provocados por la sobrecarga los convierten a ellos mismos en consumidores del sistema sanitario.

La carga del cuidador, como proceso de estrés, tiene efectos sobre la salud mental que aparecen como trastornos depresivos, ansiedad, ira y hostilidad. La respuesta inadecuada a un estrés emocional crónico acarrea agotamiento físico y psicológico, además de una actitud fría y despersonalizada en la relación con los demás y un sentimiento de incompatibilidad con las tareas que tiene que realizar y por tanto de culpabilidad.

Cuidar al cuidador

Así las cosas, se pone de manifiesto la necesidad de cuidar al cuidador, la idea es cuidarse para cuidar.

Hay unanimidad a la hora de reconocer la importancia de crear las condiciones y los recursos para que este objetivo se pueda llevar a cabo. Prácticamente en la totalidad de los tratados sobre el Alzheimer aparece un apartado ampliamente detallado dedicado a proporcionar al cuidador/a las pautas para llevar a cabo esta tarea de autocuidado. Se debe ser cuidadoso con estos mensajes porque aun haciéndolo con la mejor de las intenciones, se pueden convertir en un arma de doble filo y producir el efecto contrario al que se pretende. Si se lanza al cuidador el mensaje de que tiene que sacar tiempo para él y no se le proporcionan los recursos para hacerlo, no estamos sino aumentando su carga de responsabilidades y la posibilidad de la génesis de un sentimiento de culpabilidad si no consigue llevar a cabo lo que se le pide.

A pesar de todo ello, se pueden establecer una serie de recomendaciones dirigidas a conservar la integridad física y emocional de la persona cuidadora:

1.- Ser consciente de sus limitaciones
2.- Saber compartir los sufrimientos
3.- Pedir información y actuar en consecuencia
4.- Permitirse sentir y expresar emociones
5.- Permitirse alejarse del enfermo
6.- Ponerse objetivos a corto plazo
7.- Buscar su recompensa en la propia acción de cuidar
8.- Pedir ayuda y colaboración
9.- Aceptar que el objetivo no es la curación
10.- Perdonarse para neutralizar la culpa